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Los telescopios 'Planck' y 'Herschel' llegan a su órbita
El nuevo telescopio europeo Planck, diseñado para estudiar el universo cuando se hizo transparente, poco después del Big Bang, ha alcanzado ya su temperatura de funcionamiento: 273,05 grados centígrados bajo cero. Esto significa que está a sólo 0,1 grados por encima del cero absoluto, que es la temperatura a la que se paran los átomos y, por tanto, la más baja posible.

El Planck, que fue lanzado al espacio el pasado 14 de mayo, ha llegado su zona de trabajo, a 1,43 millones de kilómetros de la Tierra en dirección opuesta al Sol, a falta sólo de unas últimas maniobras para colocarse en la posición orbital correcta. Allí estará dando vueltas en torno a un punto de equilibrio gravitatorio denominado L2 (Lagrange 2), que actúa, a estos efectos, como un planeta virtual. El Herschel, otro telescopio de la Agencia Europea del Espacio (ESA) que fue lanzado a la vez que el Planck, con un cohete Ariane 5, ha tomado ya sus primeras imágenes de un objeto celeste, la galaxia Remolino, durante la actual fase de pruebas de los equipos. De las operaciones científicas tanto de Planck como de Herschel se encargará el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC), en Madrid.

Planck observará las minúsculas fluctuaciones de temperatura en la llamada radiación cósmica de fondo, es decir la primera luz emitida en el cosmos que ahora, muy fría ya, permea todo el universo como radiación de microondas, a una temperatura de 270 grados bajo cero. Se emitió unos 380.000 años después del Big Bang, cuando el cosmos se había expandido y enfriado lo suficiente como para hacerse transparente. Esas fluctuaciones son la huella remota de irregularidades en la densidad de materia y energía a partir de las cuales se formarían después las estructuras del universo, las galaxias y los conjuntos de galaxias que ahora se observan. No es el primer satélite dedicado a la radiación de fondo: en ella el Cobe, de la NASA, descubrió, en 1992, esas diferencias de temperatura, y el Wmap las está observando ahora con más detalle. El objetivo es conocer la evolución del universo más temprano.

Pero el Planck va mucho más lejos que sus predecesores por la sensibilidad de sus detectores, hasta el punto de que será capaz de apreciar variaciones de temperatura en la radiación de fondo un millón de veces más pequeñas que un grado centígrado. Esto es equivalente, dicen los científico de la ESA, a medir desde la Tierra el calor producido por un conejo sentado en la Luna. Para medir esas fluctuaciones en una radiación tan fría como la de fondo hacen falta instrumentos especiales muy fríos, por lo que Planck lleva un complejo sistema de criogenia por fases que ha funcionado perfectamente hasta lograr ese record de 273,05 bajo cero. El telescopio es ahora el objeto más frío que se conozca en el espacio, destaca la ESA.

Mientras tanto continúa la fase de calibración y ensayos de los instrumentos científicos del telescopio, fase que concluirá en las próximas semanas para empezar las observaciones científicas a mediados de agosto. Planck, un telescopio de 1.900 kilos, debe funcionar 15 meses.

También el observatorio Herschel lleva cámaras enfriadas, casi tanto como Planck, pero este segundo tiene el récord, aunque por poco. Los detectores de Herschel funcionan a 273 grados centígrados bajo cero. El telescopio ha llegado ya a L2 y está en su órbita de trabajo allí. Actualmente está en fase de comprobación de los equipos, que se realiza desde ESOC, el centro de control de la ESA en Darmstad (Alemania). Para el próximo día 19 está previsto que pase el control científico de la misión al ESAC, donde se harán las últimas verificaciones los instrumentos de observación antes de comenzar el trabajo astronómico propiamente dicho, a mediados de octubre.

Hace unos días, durante las pruebas del Herschel, los expertos han tomado unas fotografías que demuestran su altísima calidad. Han apuntado este observatorio infrarrojo, el mayor que se ha lanzado al espacio, con espejo principal de 3,5 metros de diámetro, hacia la galaxia M51, o Remolino, y las imágenes obtenidas tienen una resolución sin precedentes. Los muy satisfechos científicos de la ESA han presentado su imagen junto con la mejor obtenida hasta ahora, con el telescopio infrarrojo de la NASA Spitzer, y en la de Herschel se aprecian estructuras en M51 que no aparecen en la anterior. La Remolino es una galaxia espiral, descubierta en 1773 por Charles Messier, que está a una distancia de unos 35 millones de años luz de la Tierra.

El Herschel, un artefacto de 3.400 kilos, está diseñado para funcionar en órbita alrededor de L2 durante tres años desde el momento que comiencen las observaciones científicas. En ese plazo de tiempo se habrá consumido todo el helio que lleva para lograr la refrigeración máxima. El observatorio se dedicará a estudiar zonas del cielo donde se están formando estrellas para conocer los procesos químicos y físicos que allí se producen, las nubes de gas y polvo interestelar y las galaxias primitivas del universo.

Fuente
El País Digital