El error no est en las estrellas, sino en nosotros mismos

 

   
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Cómo han descubierto un planeta 'gemelo' a la Tierra en la constelación de Libra, a tan sólo 20 años luz
SI LA VIDA EXTRATERRESTRE EXISTE, ésta necesita un planeta que la acoja. Uno entre los más de 200 planetas extrasolares descubiertos por los astrónomos parece compilar las condiciones necesarias para la vida, al menos tal y como la conocemos en la Tierra. Sólo uno entre 200 es una proporción muy baja y esto es debido a que la mayoría de los planetas catalogados fuera del Sistema Solar están compuestos por gas. Ahora bien, el astro descubierto este miércoles parece diferente. Los astrónomos consultados por la revista ATB han confirmado que parece tratarse de un planeta rocoso, como la Tierra, y que probablemente contenga agua líquida. Estas dos condiciones lo convierten en el mejor candidato para acoger vida extraterrestre.

POR ISMAEL G. VILLAREJO, EDITOR ADJUNTO DE LA REVISTA ATB.
BARCELONA.- El planeta en cuestión orbita alrededor de una estrella llamada Gliese 581 que se localizó a unos 20 años luz de la Tierra, en la constelación de Libra. Distintamente a nuestro Sol, cuya densidad es la suficiente para soportar la fusión nuclear que genera su luz y su brillo, la Gliese 581, una enana roja, es más pequeña y oscura. Sin embargo, la orbita del nuevo planeta se traza más próxima a su sol que la de la Tierra al nuestro. Efectivamente, el planeta descubierto hoy gira más cerca de su estrella dentro de un espacio conocido por los astrónomos como la “zona habitable” –que no es la misma para cada caso- donde la temperatura que puede alcanzar la superficie del planeta permitiría que al agua permaneciera en estado líquido.

Apreciar algo concreto, aunque sea débilmente, en el universo es complicado. Muchísimo más si queremos observar accidentes geográficos como cadenas montañosas o mares, extremo que cuantiosísimas veces se antoja casi imposible desde la Tierra. Los astrónomos, para buscar nuevos planetas, suelen usar métodos indirectos de observación, como indagar pequeños “tambaleos” en la posición de las estrellas que delatarían la existencia de una fuerza gravitatoria, que emanaría de otro astro, interactuando con el cuerpo observado. También se buscan los cambios de luminosidad de las estrellas que se producen cuando algún planeta cruza su frontal, produciendo pequeños eclipses. Pero estas técnicas sólo funcionan para detectar grandes planetas, prácticamente todos gaseosos.

Buscar un planeta que orbite alrededor de una enana roja es más sencillo porque la estrella es bastante más pequeña que la media. Esto significa que el planeta por fuerza deberá situarse más próximo a ella y por lo tanto la interactividad entre ambos campos gravitatorios será mayor y más evidente para la observación. Los investigadores que han descubierto el nuevo planeta –un equipo de “caza-planetas” compuesto por científicos suizos, franceses y portugueses- lograron sacar al astro de su escondrijo gracias a un método conocido como “la técnica de la velocidad radial”. La metodología permite medir las alteraciones de la velocidad de un cuerpo astral debido a la influencia de otros cuerpos cercanos. Se busca detectar un efecto similar al cambio de tono que producen las sirenas de una ambulancia, por ejemplo, cuando pasa rápidamente por su lado. Usando esta técnica, los cambios de la velocidad de la estrella Gliese 581 en su órbita han podido ser medidos con mucha fiabilidad desde un centro de observación en Chile.

El nuevo planeta tiene un radio un 50 por ciento mayor al de nuestro planeta. Tiene una masa cinco veces mayor que la de la Tierra, su año dura sólo 13 días. El mismo equipo de astrónomos que lo ha descubierto encontró recientemente otro planeta, esta vez gaseoso, similar a Neptuno aunque mucho mayor. Orbita la misma estrella en tan sólo 5,4 días terrestres. El equipo de científicos ha confirmado a la revista ATB que tienen evidencias de un tercer planeta en este sistema que tendría una masa ocho veces la de la Tierra y cuyo año duraría 84 días. También creen que el planeta, cuyo descubrimiento han hecho público hoy, podría ser rocoso, como la Tierra, y que también podría estar cubierto de océanos, quizá completamente. La temperatura media en la superficie oscila entre los 0 y los 40 grados centígrados haciéndolo mucho más acogedor que nuestros vecinos Venus o Marte.

El equipo de astrónomos se centra ahora en averiguar si el planeta gemelo a la Tierra es capaz de retener una atmósfera que pueda contener agua en estado gaseoso –nubes-. En este terreno también hay que apuntar un nuevo descubrimiento y es que hace cuatro noches otro equipo de científicos, usando el telescopio Hubble, identificaron vapor de agua en la atmósfera de otro planeta. Éste astro –ya catalogado hace unos años- está muchísimo más lejos, a 150 años luz de aquí. El llamado HD209458b pasa por delante de la Tierra cada tres años y medio, lo que permite hacer mediciones precisas cada vez que está al alcance de nuestros telescopios.

Tanto el descubrimiento del planeta “gemelo” como del vapor de agua en la atmósfera del HD209458b es fruto de la cada vez mayor dedicación a la investigación extraplanetaria llevada a cabo tanto por agencias gubernamentales como por asociaciones científicas, amparadas muchas veces por el presupuesto de diversas fundaciones. Cabe destacar, entre muchos, el proyecto europeo de la ESA “Corot”. Este satélite fue lanzado con éxito a finales del año pasado y hoy ya busca planetas extrasolares analizando el cambio de luminosidad de las estrellas. A pesar de los numerosos avances en este campo de la astronomía, no se prevén proyectos en el largo plazo de misiones espaciales no tripuladas para buscar nuevos planetas hermanos a la Tierra.

Noticia extraida de
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